![]() |
| MOX, el CEO de WDF! |
http://www.si.clarin.com/Queres-famoso-tonterias_0_479952016.html
Esta especie de blog lleva más de tres años on-line, en principio la idea era subir textos, esos que no se publican en ningún lado y que por momentos parecen importantes para quien lo escribe. Pero de pronto, el formato cambió y ahora es un compendio de notas que flotan por ahí. En la web, en algunas páginas, en envolturas de huevos.
![]() |
| MOX, el CEO de WDF! |
![]() |
| Dr. House... Una serie para no ver cuando uno está enfermo |
![]() |
| Fideos con tuco |
![]() |
| Cupido, luego de ser clavado por la espalda. |
![]() |
| Los mineros rescatados |

Un juego con trampa
El sentido común dictamina que si uno participa de un concurso o sorteo -y gana- le corresponde un premio. Sería la lógica a seguir cuando las expectativas al juego llegan a su punto de éxtasis final. Cuando no sucede esto, y al ganar, uno se encuentra con la frustración de que le corresponde un premio y nada ni nadie se lo otorga, el resultado puede llegar a convertirse en un momento bochornoso.
Por Jessica Bond
El famoso diario Clarín fue el encargado de lograr que la alegría de varios participantes de un juego que prometía ganadores y premios, se convirtiera en una ocasión penosa para muchos. Como bien se sabe, un ganador merece un premio y para Clarín, sus ganadores son sólo un número, igual que en todas las situaciones (el ciudadano no es tratado como tal, sino como un número entre todos) de la cotidianeidad.
El juego de azar que proponía dicho diario consistía en juntar falsos cheques con un monto determinado, y si en las siguientes ediciones del diario salía publicado el mismo monto que el impreso en el cheque, el portador del cheque ganaba ese dinero al instante. Y tenía el derecho de cobrarlo. Dependiendo la cantidad de dinero, los lugares a cobrar cambiaban. Y ésta es la pequeña historia de una participante que ganó, sufrió, se enojó, peleó, luchó, lloró, caminó y hasta gastó dinero de su bolsillo para llegar a cobrar lo que le pertenecía.
Porque no era tan sencillo como Clarín lo había publicado, y como la gran mayoría de los representantes telefónicos lo venían diciendo en repetidas comunicaciones telefónicas con quién escribe este descargo.
El cheque era de un monto de $910 que debían ser cobrados en cualquier sucursal de OCA. Y digo cualquier sucursal porque explícitamente Clarín había publicado que hasta $1000 ganados el cheque ganador se cobraba en la sucursal de correos más cercana. Y no fue así. Recorrí cuatro sucursales de OCA en el transcurso de mí largo día, en tres de ellas me decían que el cheque no tenía premio mientras tenía en línea un representante de “Cheque Fácil” que me decía que sí se podía cobrar pero que no tenían una solución para mí. Era más simple darme media vuelta en el local de correos y dirigirme cansada y fastidiada a mi casa, sin mi recompensa, a pesar de ser merecida y tener el derecho de cobrarla.
Pero no fue así, seguí insistiendo porque todavía creo que es positivo luchar por lo que a uno le corresponde. Llamé nuevamente al call center de “cheque fácil”, era la cuarta vez que me comunicaba con un representante que no sabía darme respuestas ni soluciones. Pero en esta ocasión un muchacho altanero me ordenó dejar de gastar crédito en el celular, dirigirme a otra sucursal de correos y además tomarme una queja. Le pregunté para qué la queja, si él no me estaba dando ninguna solución a mi problema. Ni siquiera pudo decirme que el trámite tenía un tiempo para que se acreditase el monto, o que debía ir a una sucursal especifica para cobrarlo (que no es lo mismo que decir que me recorra media ciudad de Buenos Aires para ver si en alguna tengo suerte), luego terminó cortándome la comunicación. Como es debido volví a marcar ese teléfono, mientras que personal de OCA me decía que estas situaciones son comunes desde los concursos o sorteos que organiza Clarín, que hasta un par de ganadores tuvieron que ir a hacer su descargo a Clarín y que algunos hasta se daban media vuelta y dejaban de insistir. Al volver a llamar, lo único que recibí fue un sonido agudo que casi me dejó sorda. Volví a discar y nadie levantó la llamada. Un cliente que iba a mandar un sobre me sugirió que llamara con el teléfono desconocido así no registraban mi llamada. Y eso fue lo que hice, pero la ira comenzó a subir como un volcán a punto de erupcionar cuando un representante contestó mi llamada. No tuve suerte. Y es paradójico, porque tuve suerte de ganarme casi $1000, pero no tuve suerte para cobrarlo fácilmente.
Había pasado cuatro horas de mi lucha para cobrar mi premio, me dirigí casi resignada a otra sucursal del correo y allí, después de tanto tormento, cobré lo que me correspondía. Y la conclusión es: ¿Por qué merecemos este trato? Sólo participamos con la esperanza de ganar algo y nos encontramos con situaciones vergonzosas, penosas, tristes. E increíbles, porque no puede ser que seamos únicamente un número y que a nadie le importe lo que reclamamos, que justamente son derechos que nos corresponden y se niegan hasta el cansancio. ¿Esto era un juego o un calvario?
Un libro nace de un conjunto de inquietudes en búsqueda de respuestas. Nace desde lo profundo de un autor sin que este se de cuenta de que algo está por nacer. Ese es un libro, el que acumula letras y palabras en cientos de hojas y guarda leída tras leídas tantas miradas como caricias en las páginas.El libro recién asoma al mundo cuando aparece el punto final de la obra, cuando alguien se atreve a leerlo y a citar algunas de sus frases. De repente tiene tapa, color, dureza y tamaño. La historia ya tiene una casa donde refugiar su contenido a la espera de tantas visitas como los años se lo permitan. La mano del autor posa su dermis en el trabajo hecho realidad, concreto como un sueño realizándose. Y ahí está, una obra digna de ser tocada y admirada en cada renglón. Ese olorcito a virgen que a muchos cautiva y hasta enamoran. Siempre es una delicia ser el primero en… algo. El primero en tocar ese libro nuevo es toda una responsabilidad. Se compra, se osa llevarlo en el bolso a todos lados y se responde ante su contenido. Hay que consumirlo, y pronto. Muy pronto, aguantando lo prohibido de chusmear la última hoja que determina la historia. El poder de no adelantarse es todo un reto.
Hay algunos que los prefieren viejos y rancios, pero repletos de vivencias y experiencia en cada página. Para ellos es un deleite encontrar marcas, frases, subrayados y resaltados en párrafos. Uno lee la historia del autor, y el comentario de su seguidor. Uno se transforma en parte de una ceremonia que no fue invitado y quizás sucedió años atrás, pero de todas maneras se invitó solo y el libro pasa a ser un objeto cómplice de la metida de nariz de un sexagenario lector de una obra vieja.
Trae un perfume especial un libro manoseado por extraños y un color ámbar apunto de convertirse en ocre amarronado con dolor en los pliegues y dobleza en las puntas. Surte temor mover la página 40, ese miedo que solo se desencadena cuando una hoja transmite una futura caída sin retorno. También pasamos a ser una especie de curandero fácil pero esmerado. La cinta adhesiva bien puesta le da unos añitos más al engendro de papel.
Se cuente la historia que se cuente, un libro es:
mágico, viejo, nuevo, malo, bueno, regular, pésimo, brillante, encolarizante, misterioso, oloroso, temeroso, bondadoso, sincero, humano, borroso, asqueroso, hermoso, tierno, dulce, benigno, amarillo, blanco, duro, pequeño, grande, hojudo, difícil, fácil, simple, complejo, atrayente, seductor, colérico, apestoso, tachado, dibujado, pegado, cortado, recortado, subrayado, técnico, poético, literario, disciplinario, estructurado, bien formado, ruidoso, silencioso, pesado, liviano, caro, barato, peludo, suave, filoso y generoso…
Nadia Brenda Salva
¿Quién no soñó con pegar esa maravillosa patada de Jean Claude Van Dame? ¿Quién no quiso enfrentarse con su peor enemigo tal como puede hacerlo Steven Segal en sus películas? Bien, no necesariamente la industria hollywoodense es la responsable de crear un Ninja de película en pocos meses, ahora y con estos pequeños y accesibles pasos, cualquiera puede ser un gran artemarcialista.